Sobre el pueblo weenhayek y un poco de historia chaqueña

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Hasta el principio del siglo XX los weenhayek eran llamados por diferentes nombres. Los más comunes eran matacos, mataco-noctenes o noctenes. Así los misioneros franciscanos que intentaron evangelizar a los antepasados de los weenhayek hace más de 100 años, se refieren a ellos en sus ecritos como “noctenes”. Además se utilizaban los nombres guisnais y chulupíes para referirse a los grupos indígenas nómadas que vivían sobre la costa austral del rio Pilcomayo, es decir en lo que es el territorio actual weenhayek.

Los antepasados de los weenhayek pueden haber llevado otro nombres. A comienzos del siglo XX vivían cerca del río Pilcomayo, en el actual territorio boliviano, otros pueblos indígenas como los “choroti” o los “ashluslay” que tenian una cultura muy parecida a los antepasados de los Weenhayek. Esto se sabe gracias a las investigaciones del antropólogo sueco Erland Nordeskiold que viajó a comienzos del XX por estas regiones.

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La pesca es una actividad fundamental de los Weenhayek. La época de pesca que se extiende de abril a septiembre, es el periodo de mayor abundancia y trabajo. La especie más cotizada es el sábalo. El aspecto ideológico religioso de los Weenhayek se ha empobrecido debido a que se han visto forzados a cambiar su mitología y creencias ancestrales por el cristianismo. Un trabajo realizado con los Weenhayek en Argentina, indica que subyace innegablemente gran parte de la cosmovisión originaria. Nilataj creó la tierra y ordenó el cosmos; la participación de la anciana Talé en el origen de los pueblos y Tokjwáy como creador de la humanidad.

Cabe destacar como desde el periodo de la Guerra del Chaco, se introdujeron nuevos alimentos tal como el azúcar, la yerba mate, el arroz, el fideo entre otros, aunque todavía se conservan algunas costumbres culinarias tradicionales, especialmente en las comunidades más alejadas de los centros urbanos. En relación a los modos de vestir, los hombres llevaban siempre el cabello largo. En la vida cotidiana, los hombres vestían un taparrabo y las mujeres una falda de caraguatá. Hoy en día la mayoría se ha adaptado al modelo de vestimenta criollo.

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Sobre su música tradicional, cabe destacar como antiguamente existían dos tipos de música: Una se usaba para espantar a los espíritus malignos y la otra para divertirse. En la actualidad, las fiestas tradicionales han desaparecido, tanto por la influencia de la sociedad criolla como por la evangelización.

A continuación el antropólogo, filósofo y docente español Santiago Martínez Magdalena cuenta sus impresiones sobre nuestro paso por las ciudad bolivianas de Villamontes y Camiri:

“Visitamos el Museo Etnográfico ‘Weenhayek’, sostenido por la Fundación indígena FI’WEN.
Berio Sánchez nos muestra los elementos constitutivos del pueblo ‘weenhayek’ (“gente diferente”), que parten de preguntas afirmativas: quiénes son, que se responde como gente diferente como proceso de adueñamiento de lo que les es propio.
Cuál es su origen histórico, respondido con pueblo indígena emblemático; dónde viven, al lado derecho del Pilcomayo, reafirmándose en el territorio y su autogestión como territorialidad.
Cuáles son sus facetas culturales, en torno a la organización socio-familiar, y los liderazgos políticos y espirituales, la economía, etc.; y la conformación de la identidad cultural y lingüística, resistente ante embates coloniales, republicanos y actuales como los problemas del medioambiente y la disminución de los recursos económicos tradicionales.
El Museo, la biblioteca y la venta de artesanías completan las explicaciones con eficacia sorprendente.
Más tarde, ya en la ciudad de Camiri, acudimos al Museo histórico de la ciudad, al lado del Casino Militar donde el mítico Che Guevara estuviera de incógnito en un evento de la alta sociedad en 1966.
El mayor Julio Jiménez, oficial historiador del Museo, nos muestra orgulloso la exhuberante didáctica que recoge la Guerra del Chaco entre objetos y documentos, recortes de prensa, copias y fotografías distintas; pero sobre todo, con un alarde expositivo mediante murales multicolor que exhiben el itinerario histórico-simbólico de la historia regional.

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Las paredes del museo están cubiertas hasta el último rincón. Con expresivas pinturas de chillones colores que describen la visión boliviana del conflicto que Paraguay y Bolivia sufrieron entre 1932 y 1935.
Otra sorpresa es encontrarnos en la celda donde estuviera el filosofo francés que delatara la presencia del Che en 1967, Regis Debray.
Renold Guardia Cabello, peluquero del entonces preso y uno de los funcionarios más veteranos de la institución, se nos presenta aquí como testigo de excepción de este momento histórico entre grandes personajes. Él fue ese peluquero que rasuró a Debray. La estancia en este museo se concluyó con inestimable ayuda del estudiantado colaborador, y con un ritual formal de intercambio de banderas de Bolivia y España”    _MG_1476_editado-1 _MG_1483_editado-1.

Animamos a visitar estos museos de Villa Montes y Camiri como experiencias complementarias, entre la austeridad y la proliferación de existencias y visiones del Chaco boliviano.