Tensión social en Ingeniero Juárez

Pamela Gómez Jiménez, viajera boliviana nos cuenta de primera mano sus impresiones sobre la novena jornada, que transcurre en Ingeniero Juárez , la única parada en la provincia de Formosa:

Muy temprano abandonamos la provincia de Chaco y la magia del Impenetrable para dirigirnos a Ingeniero Juárez. Estamos sobre aviso de que las actividades programadas para esta ciudad formoseña podrían suspenderse a causa de un conflicto entre una comunidad indígena y la policía, problema que se terminó desbordando en los últimos días.

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Llegamos con cierto retraso a la reunión programada con EPRASOL, una ONG que trabaja hace 20 años con las problemáticas indígenas de 23 comunidades, principalmente con el pueblo wichi. No hace falta indagar demasiado para sentir el fuerte clima de tensión social. A pesar de la lluvia y el mal tiempo, la mayor parte de los representantes comunitarios van llegando.

La tensión social se siente en el ambiente. Es una población con altos índices de drogadicción y alcoholismo y los problemas entre criollos y población indígena provocaron una escalada de tensión en la que un chico wichi fue herido de bala y en represalia, una casa fue quemada. De todo ello, del porqué de la situación de tensión, del elevado índice de consumo de alcohol y drogas, nos hablan los líderes wichi, explicándonos las malas condiciones y las pocas posibilidades de futuro en las que viven.

En este contexto el equipo plantea unos talleres con los jóvenes, y seguimos contando estos talleres de mano de Pamela: “El taller de Cartografías Colectivas, pretende retratar, mapear e identificar el espacio habitado con el fin de visibilizar, a través de los protagonistas, las principales inquietudes y problemáticas territoriales de Ingeniero Juárez. Tomando como respaldo teórico el desarrollo de las cartografías mentales, vamos a utilizar una dinámica propuesta por el colectivo Iconoclasistas.

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Este grupo es básicamente un dúo de investigadores que combina el arte gráfico con talleres creativos. Contamos con todos los implementos necesarios gracias a que se encuentran a disposición para su libre utilización y difusión en la página http://www.iconoclasistas.net. Vamos a dibujar un esquema de mapa de la ciudad en un papel de gran formato que hemos puesto al centro de la mesa. A cargo de la dinámica están los viajeros Agustina Pérez Rial, Emilio Fonseca y Pamela Gómez.

Después de un consenso se decide iniciar dibujando el portón de una de las avenidas principales de la ciudad. Rápidamente Emilio, encargado de traducir en líneas los relatos de las asistentes, traza una aproximación que es inmediatamente corregida por una de nuestras participantes, que muy hábilmente modifica la forma del portón y escribe dentro: Bienvenidos. A partir de este instante y de forma muy acelerada se hacen dueñas del relato y el taller avanza con una naturalidad sorprendente. En poco tiempo tenemos un plano lo suficientemente detallado de Ingeniero Juárez y un zoom, a mayor escala, del barrio en el que ellas viven.

Llega el momento de situar las plantillas con temáticas múltiples, cada integrante del taller le asigna el nombre de alguna problemática identificada a los dibujos sorteados al azar. Luego de un par de horas tenemos un rico collage de imágenes que resaltan denuncias, deseos, preocupaciones, demandas y otras inquietudes. Sobresalen los temas de discriminación, drogadicción, prostitución, conflictos y postergación; vivienda digna, un semáforo, terminar la cancha del barrio y adoptar a alguna mascota están entre las demandas más importantes. Al mismo tiempo los fuertes lazos familiares y las costumbres de integración de este barrio wichi, como el saludo y el respeto a los mayores están identificados como protección frente a los criollos y los jóvenes que han caído en la drogadicción. Nos quedamos con un montón de información por procesar y reflexionar.

Queda claro que habitantes y territorio son una dialéctica constante e inseparable. Con una mezcla de emociones nos despedimos de Ingeniero Juárez. Es evidente que se avecinan tiempos difíciles para las comunidades indígenas Wichi y Toba.” Ha sido un día complicado. Son testimonios muy duros los que escuchamos que quedan resonando en nuestras cabezas. No podemos hacer mucho y por ello se siente impotencia. De camino al hostal se va la luz y todo se vuelve aún más lúgubre si cabe.